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DE LICENCIAS DE CAZA Y TAIFAS

Aunque la mayor parte de los españoles lo hayamos olvidado, la política y sus extensiones legislativa, ejecutiva y judicial tienen como fin último solucionar los problemas de las naciones para facilitar la vida de sus ciudadanos.

Sin embargo las leyes de caza de las 17 autonomías españolas parecen destinadas a cumplir escrupulosamente lo contrario... Si uno las mira desde cierta altura, parecen un circo de 17 pistas. Lo mismo se muere uno de risa con los payasos, que se admira de la mujer barbuda, que se pasma con lo que el mago hace aparecer ante sus ojos, se sobrecoge con las contorsionistas, se rompe de tensión con el triple salto mortal o se estremece ante el valor del domador de fieras. ¡Pasen y vean!

Ojalá fuera tan divertido. La realidad es que los que saltamos a través del aro somos los cazadores como veremos a continuación.

En cierta ocasión, hace ya años, oí a alguien comentar que en una reunión intercomunitaria, se propuso continuar con el modelo de una licencia de caza única para todo el territorio nacional, "pero no se llegó a un acuerdo porque una de las regiones – sólo una– se negó y prefería gestionar sus propios ingresos por licencia autonómica". Recuerdo también que quien comentó aquello señaló el pecado pero no el pecador. Ante aquella genial idea se lió la desbandada y todos coincidieron en el "yo también quiero café".

¡Anda! ¡Qué sorpresa! Así que esto no es una cuestión de ordenación por la que irremediablemente había que pasar, sino que el quid de la cuestión está en que todos querían su infusión y total como los 17 ya tenían cada uno su propia cafetera y su infiernillo, lógicamente costeados por el contribuyente, se dieron cuenta de que habiendo tontos que pusieran el café y el agua no iban a privarse ellos de unas reconfortantes tazas... ¡Y hasta un irlandés, si es menester!

¡Todos contentos! Total los cazadores ya están acostumbrados a pagar, qué más les da a dónde vaya a parar su dinero.

Y luego vienen las transferencias y la liamos tía Paca: cada cual su ley de caza. Así resulta que los cazadores pasamos a través de 17 caprichos legislativos de un colorista y profuso que ríase usted de los de Gaudí.

Al final, esta panda de "mataos" nos encontramos preguntándonos cómo hemos llegado a esto y aceptando con resignación la hipertrofia burocrático-legislativa y el hecho de que para poder disponer de todas las licencias de caza de España tenga uno que gastarse más de 800 euros.

 

Por si lo económico fuera poco, le queda a uno la amarga sensación de que un navarro que quiera cazar en Andalucía tiene las mismas trabas burocráticas que un belga.

Cómo será esto de la caza que se necesita no ya un reglamento, sino una ley o mejor dicho, 17 leyes.

Pero hombre; ¿esto no habría de causar problema pues si son criterios técnicos los que rigen la redacción de los textos legales, no andarán lejos unos de otros, pues el criterio es uno, con los matices que uno quiera; sobre todo cuando hay un antecedente de normativa común a todos los cazadores españoles.

¡PUES NO! En unos sitios exigen examen del cazador, en otros no; en unos se puede cazar desde los 14 años, en otros hay que esperar con los dientes largos hasta los 18; en unos sitios te dan un "número de cazador" (Número de Identificación Registral), como si no tuviéramos ya un número nacionalmente válido como el del DNI, en otros sitios ni se sabe qué coño es eso del NIR... Y así vamos

Esta realidad da lugar a agravios y diferencias kafkianas que sería interminable relatar en una visión comparada de las distintas leyes de caza y también leyes de veda que se renuevan cada año. Ejemplo: ¿cómo es posible que aquí esté sancionado cazar el jabalí al salto o abatir tal o cual especie y 20 metros más allá mi vecino pueda hacerlo?

La verdad es que sería de risa si no fuera porque resulta descorazonador. Y es que empiezo un periplo virtual por la tierra patria de Norte a Sur y de Oeste a Este, como parece lógico, y el primer batacazo me lo pego en la Costa de la Muerte donde no se puede cazar hasta la mayoría de edad.

Voy a permitirme recordar a alguna lumbrera gallega y de alguna otra región que cuatro años de espera para un chaval de 14 supone casi el 30 por ciento de su tiempo de vida. Por si esta razón pareciera insuficiente por circunstancial y se me espeta eso de "así es la vida", cabe recordar que el Reglamento de Armas permite manejarlas desde los 14 años bajo tutela y que si en épocas más restrictivas y hasta represivas se consideraba a una persona de esa edad con madurez suficiente para EMPEZAR a cazar bajo supervisión, retrasar la edad mínima hasta los 18 para hacerse cazador de facto es, en opinión de cualquiera que tenga dos dediños de frente, un despropósito, por no decir otra palabra.

Me cuentan desde la administración de Galicia que tal decisión se tomó tras un debate... Pues bien, o una parte no expuso bien los argumentos o, según huele la tostada, la parte vencedora en la discusión se centró en aspectos legales sobre la responsabilidad civil y la edad a la que uno es imputable, olvidando otros aspectos igualmente legales y los puramente prácticos en un bla-bla-bla teorizante y absurdo. O sea, que no parece que fuera un debate sino un "brain storming" que dicen los ingleses; o sea, una aportación de ocurrencias hasta encontrar la que parece más razonable y mejor nos suena a todos. Nos legislan con la misma técnica con la que se crea un anuncio de yogurt.

 

¿Y si un riojano con 14 años y licencia de La Rioja quiere cazar en Galicia?

Lo único que se consigue en la práctica con la norma de los 18 años son varios efectos a cual más negativo:

– Que los jóvenes que quieran cazar no puedan hacerlo ni siquiera como acompañantes, puesto que no tienen edad para haber obtenido la licencia que les autorizaría a ello.

– Negar la evidencia de que muchas personas nacen ya cazadoras o se desarrollan en ese ambiente y con esa afición desde niños. ¿Se imaginan que un chaval rabiosamente aficionado al fútbol no pudiera practicarlo hasta los 18 años?

– Que saltándose el primer supuesto, los jóvenes de 14 años realicen sus primeros disparos de forma ilegal por muy esporádicamente que sea.

– Que cumplidos los 18, al ser mayor de edad y poder manejar ya las armas sin tutela, quien obtenga la licencia, se inicie en la caza sin más conocimientos que los que le ha dado estudiar el examen del cazador, sin supervisión y lo que es peor, sin haber pasado un periodo de formación, de los 14 a los 18, bajo las enseñanzas de un cazador adulto y responsable a su lado. Así, llegará tarde, mal y hasta con peligro al momento en el que pueda manejar las armas de caza de manera responsable y consciente (algunos no llegan a hacerlo nunca ni aún en las mejores condiciones).

Lo del examen del cazador es otra de las cosas que dan para una tesis.

Recuerdo por mi edad y por el interés que en ello tenía, que hace muchos años la revista Caza y Pesca ya abogaba porque se estableciera un examen del cazador y hasta elaboró un temario con sus colaboradores. Hasta yo siendo casi un niño estaba a favor de que los cazadores tuvieran que pasar un examen... ¡Pero no era esto, hombre, no era esto!

Como en tantas otras cosas, los ciudadanos hemos dejado este cometido en manos de la política y de la administración que lo mangonea y lo protagoniza todo sin pudor, cuando teníamos que haber sido los propios cazadores, a través de nuestras federaciones, los que gestionáramos el examen del cazador.

Partiendo de la nada hemos llegado a tener unos exámenes con un objetivo recaudador y regulador del flujo de llegada de los jóvenes aficionados a la caza.

De la misma manera que hay academias de conductores que no enseñan a conducir sino a aprobar, el único objetivo ante el examen del cazador es aprobarlo y no tanto demostrar lo que se sabe para poder cazar.

Para remate del tomate, habiendo dos ciudades autónomas y 17 autonomías (pero muy mías) con 17 leyes de caza diferentes, hemos conseguido que, en unas sí y en otras no, haya exámenes diferentes.

Afortunadamente los de unas regiones son convalidables en otras. Siendo esto así, me pregunto yo por qué no se hace una examen igual a todos los aspirantes de España y a correr... Ay! Casi se me olvidaba la cafetera!

 

Cuando te enteras de que hay comunidades en las que tienen establecido el examen del cazador como obligatorio pero en los que puedes cazar algunos días sueltos al año sin poseerlo, te caes al suelo... Y es que tampoco vamos a pisar muy fuerte la manguera del turismo cinegético imposibilitando que alguien asista a tres monterías al año... Uuuuff. Si esto no es la política del "sí pero no" o del "no pero sí", que me expliquen a ver qué es.

Por otro lado, si usted viene de otra región pero demuestra que ha tenido licencia de caza desde fecha anterior a que el examen del cazador se estableciera, puede cazar sin problema. Resulta un fuerte contraste que tales exigencias se den en un país que, por ejemplo, convalida carnés de conducir extranjeros que en sus países de origen se pueden conseguir un con una mordida tras hacer cola en un mostrador.

Esto es un desaguisado disfrazado de legalidad y una "merienda de negros" (dicho sea sin faltar a las minorías étnicas), eso sí, con café para todos pagado y soportado por los de siempre.

A continuación aportamos los datos de estudio comparativo que hemos hecho en base a las 17 autonomías, de ellas, solo tres han recogido la petición de información sobre las licencias de caza y solo una ha dado respuesta, siendo el INAGA (Aragón) el único órgano español a nivel autonómico en colaborar. En lo relativo a los contactos telefónicos la línea general ha sido la misma o diríjase al contacto de correo electrónico o pase por una oficina.

En muchos casos las paginas con información en lo relativo a la caza es complicado y requeriría manual de uso y navegación, en líneas generales cuesta conseguir toda la información y muchas veces se pasa por alto entre toda la paja legal y verborrea usada, así como la poca facilidad, en algunos casos la tramitación tiene que hacerse en la propia comunidad, haciendo inviable la práctica de la caza en un momento determinado ya que obliga a desplazarse en primer lugar a hacer los trámites, para una vez conseguida dicha licencia tener la oportunidad de acudir a cazar.

 

Agradecemos la colaboración para este informe a Santiago Fernández Cascante, Álvaro Gil Milian y Miguel Ángel Rodríguez.

 


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